jueves, 22 de mayo de 2014

En mis sueños encuentro mis más obscuras pasiones


Camino junto a ti por largo tiempo sin decir una sola palabra, admirándome como si fuese la primera vez que te veo, y seguimos caminando juntos… libres, apasionados, y por fin completos. Sin nada que decir para llenar espacios de corazones vacios, solo el calor de habernos encontrado una vez más.
Ansiando que este momento fuese eterno te perdí entre la multitud, y tu presencia se ha desvanecido. Con desconcierto busco la forma de volverte a encontrar, te busco en este país lejano de locura, cerca del parque inmenso de mis emociones, cerca de la catedral de mi fe pasada, apareces lejana… de nuevo desapareces. Y te sigo buscando sin otro anhelo que el de volverte a encontrar.
Entro en la catedral, recuerdo uno de mis temores pasados, mis pies se entumen y dejan de funcionar. La pierna derecha se posiciona detrás de la izquierda. Mis pasos se tornan inútiles, igual que en la niñez. Los brazos deformados llegan al suelo, y me ayudan como muletas para avanzar. La gente me mira, como si fuese un demonio, y solo puedo mirar la cúpula buscando encontrar al Dios que una vez me permitió volver a caminar.
Con pasos torpes salgo de esta pesadilla de humillación y de desprecio, solo para encontrar a mi otro igual al otro lado. Te veo a lo lejos, oyendo la voz de otro ser, dejándote endulzar el oído por alguien más, ardo en furia por que temo perderte, pero esta vez soy yo quien se aleja de ti, sin reclamos…
Paseando por el bulevar de mis ilusiones, me pierdo tratando de encontrar la manera de llegar a mi hogar, no ansió nada más, quiero llegar. Me doy cuenta que en este mundo no existe, y aunque exista no podré encontrarlo, pues solo quedan escombros de un pasado incierto, de la vida de alguien más. La vida de un ser ordinario que ya todo lo perdió y que todo lo ambiciona, mi vida terrenal.
Después de recorrer un largo sendero, te vuelvo a encontrar, con mil rostros y uno que nunca cambiará por la eternidad. Tomas este último rostro que podría admirar y acariciar por siempre, pero algo diferente hay en ti, tu mirada luce diferente, me has olvidado. Me miras con esa dulce mirada que derrite mi corazón, y me preguntas quien soy. La suave brisa pasa por nuestros rostros, tu rostro se enciende y me dices que pude estar contigo, una vez sin ninguna atadura de recuerdos, solo pasiones, pero mi momento ya se había terminado.
Te hablo de un pasado que nunca existió para ti, te recuerdo que no importa que hayas cambiado, te digo todos tus nombres, y te digo que no me importa que hayas cambiado tantas veces, que de ser así te recordaría todas las veces que te he amado. Tú has tomado la forma de la persona que más he amado… La suave brisa vuelve a pasar recordándonos lo que pudo ser y no será.

No hay comentarios:

Publicar un comentario